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martes, 28 de diciembre de 2010

El Hombre de Hojalata


Hace algún tiempo, en algún lugar, se encontraba un ser normal, de carne y hueso.
Él tenía un amor, su primer amor, era feliz, tenía una ilusión.
Ella no era de la realeza, pero para él era su princesa.
Él vivía pensando en ella, el sentía que fuese su vida entera.
Reía, cantaba, lloraba, bailaba, sentía, sufría, amaba, gritaba, anhelaba, respiraba, soñaba, peleaba, perdía, ganaba, hablaba, componía, conquistaba, deseaba, todo lo hacía por ella.
Era todo tacto, olor, corazón, sabor, sonido, valiente, inteligente.
Se sabe que se perdía cada noche entre sus cabellos persiguiendo dos luceros que brillaban solo para él.

Pero todo esto de nada le sirvió.
Un día ella se marcho, simplemente se perdió.
No hubo explicación, no hubo una buena razón.
Se fue y no dijo adiós.

Él no perdía la ilusión buscó, y buscó, pero nunca encontró.
Poco a poco fue perdiendo la pasión, en alguien frio se convirtió.
Él ya no sentía nada, no tenía una razón.

El tiempo pasó, y el hombre de hueso a hojalata se volvió.
Decidió  buscar un nuevo amor, su marcha comenzó.
Los meses volaron y algunas historias pasaron, pero nunca volvió a sentir, como con su bella princesa esa pasión.

Es así como el hombre de hojalata se perdió.
Y a la lejana Tierra de Oz llegó.
Buscando al Maravilloso Mago de Oz.
Ya no sentía nada y quería un nuevo corazón.
Anhelaba un corazón, sin saber que en una de sus historias pasadas lo encontró….

Al llegar con el Mago de Oz, le pidió una tarea, para cumplir su deseo.
“Enséñale valor al gran León e inteligencia al espantapájaros” ordenó.
El no supo cómo realizar la tarea y derrotado regresó con el Mago de Oz.
“No puedo hacer nada por ti hombre de hojalata, porque ya tienes un corazón.”
Y con el aire el Mago voló.

A su mundo el hombre de hojalata regresó y una vieja historia de amor lo recibió.
Era de carne y hueso nada especial,  no era su princesa, pero ella lo quería más.
“Te Extrañe”, susurro. Y en un beso tan corto como un minuto, su vida cambio.
Siendo de hojalata cuenta se dio, era más inteligente que el espantapájaros, mucho más valiente que el gran león.

Entonces él se sintió, un tonto, el tonto más cobarde, por no entregarse, por no saber amarle.
No le habían quitado su corazón, simplemente él lo guardo y se olvidó.
Frio se volvió, amaba sin una razón, olvidando que la razón era el verdadero amor.


Con la ayuda de la chica de carne y huesos, fue rompiendo su vieja armadura oxidada.
 entre bailes, risas, suspiros y caricias.
Encontró su viejo corazón y de nuevo el sintió.

Algún tiempo después el Mago de Oz regreso.
Y una vieja carta le dejo.
“Que no te importe mostrarte débil mientras sientes, no ames como quien juega, no lo tomes a la ligera. Ama con todo y cada parte de tu ser. No tengas objeción por no ser correspondido, que no te importe cuanto duren tus amores, ama mientras puedas mientras dure. Porque nunca entenderas como aman los humanos, pues dudan, engañan, dañan y el sentir miedo es normal, por eso no preguntes por qué y entrégate sin más”.

 R.A.C.O.

∞ ҳҳҲҳ RØ߀RTØ-Tĥ€ωïs€мïиD ҳҳҲҳ ∞

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